Memorias II…

Foto de @grandespensamientos

De las memorias más gratas de mi niñez, tengo muy presente el camino sin pavimentar hasta la casa de mis abuelos maternos Don José y Doña María. Era todo un reto el poder seguir los pasos apresurados de mi mamá por aquella loma donde el sonido del viento le daba forma a los cucos en mi cabeza cuando cruzaba los ganchos de los pinos en la loma. 

Todos los sonidos que surgían desde el silencio de la mañana parecían amplificarse con facilidad mientras mi respiración cada vez más agitada agudizaba todos mis sentidos ubicándome por ratos en ese mundo paralelo que imaginan los niños. Por otro lado el olor a campo que destilaba la yerba húmeda que recostada a la orilla del camino te invitaba a descansar sobre ella, ha sido para mi desde siempre el olor festivo de la madre naturaleza.

Recuerdo que lo iba tocando todo…Tierra, hojas, piedritas, semillas y uno que otro gancho seco, que utilizado como apuntador me ayudaba a marcar en el camino algunas líneas para luego con mis viejos Converse ir borrándolas mientras dejaba tras de mi una buena nube de polvo.

Pero mi parte favorita llegaba cuando atento a cada detalle que alcanzaran a ver mis ojos, divisaba alguna fresa silvestre entre la maleza. Sí, y es que es importante observar. Ahí estaba el secreto. Mientras más observase, más garantizaba la construcción de aquellas memorias que sin saberlo estaría compartiendo en un escrito con el pasar del tiempo. Con cierto grado de dificultad, mientras sentía como la humedad del rocío regado sobre el pastizal mojaba mi ropa, me acercaba con el brazo estirado hasta alcanzar aquella fresa. El color rojizo de la fruta sobre el verde de las hojas se complementaban y se enfrentaban al mismo tiempo pintando un cuadro perfecto. Me aseguraba de agarrar aquella fresa en mi mano cerrándola lo suficiente como para que no se me callera, pero sin apretarla para no echarla a perder. Era un ritual, me detenía, abría lentamente mi mano para asegurarme de que la fresa estuviese ahí, la contemplaba, la olía y luego dejaba que el dulce sabor de su jugo inundara mi paladar hasta dejar escapar una ristra de emes…¡mmmmmmm!

Es que siempre fue mágico el camino desde casa hasta la casa de mis abuelos. Y hoy lo he querido compartir con ustedes para que tengamos presente la importancia de provocar siempre a través de nuestros sentidos lo vivido. No dejemos de ser curiosos, de estar atentos a los detalles, de concentrarnos en el ahora y en el deseo por aprender siempre nuevas cosas. Recuerda que las memorias que te permitas construir hoy serán aquellos recuerdos que te dibujen una sonrisa cuando mañana te visite la nostalgia.

Pensándome,

José Rivas

Published by joserivassep

Nació en Humacao, Puerto Rico. Profesor de inglés y ciencias de la religión.

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