Cansancio

Abuelo Martín

 “¡Ay abuelo, estoy cansado!”


Abuelo me miró como quien pone freno a lo primero que le viene a la mente, – ”  Tu no sabes lo que es el cansancio”. Y continuó, ” Estar cansado es tener que levantarse justo al abrir los ojos en medio de la madrugada y caminar a pie desde el campo hasta el llano para que te den un chancecito en la zafra cortando caña por una peseta al día. Y luego jalar jarda arriba de nuevo sin estar seguro de poder llevar el pan a la mesa al día siguiente. ¡Eso es cansancio! Lo tuyo es otra cosa”. Y luego sonrió con la satisfacción del abuelo al que no se le lleva la contraria.

¡Sí! Así siempre fueron mis conversaciones con abuelo Martín. Un hombre de baja estatura, blanco, de ojos azules y con un genio que le ganó el sobrenombre de abayarde. No pudo ir a la escuela porque su padre murió siendo él muy niño y eso le llevó a hacerse cargo de sus otros hermanos. Y aunque no era un hombre de letras, lo era de palabras. Su sabiduría le permitía regalarme siempre el consejo correcto. Veía todo desde la simpleza de las cosas. Y cuando quería acentuar lo que hablaba, se ponía una mano en la cintura y con la otra alzaba su dedo índice como dejando saber que eso era así y punto.

Ese día, no entendí la totalidad de lo que abuelo me dijo, pero con el tiempo lo fui comprendiendo. Creo que nos hemos convertido en la generación que ignorando al diccionario, define las cosas a conveniencia y sin objetividad alguna. Y es que aunque es cierto que hay cosas que deben ser interpretadas según la realidad de cada cual, hay otras que simplemente son lo que son. Mal interpretar o definir como queramos lo que en este caso significa el cansancio, podría convertirnos en como cariñosamente he querido llamarle, ciudadanos del desecho.

Al no tener claro lo que es el cansancio, lo utilizamos con frecuencia para todo y terminamos desechando lo que a nuestro mal juicio supone es la razón de ese “cansancio”. Y así, nos cansamos muy rápido del colegio, del trabajo, de la casa, de los hijos, de la pareja, del celular, etc, etc… Y vamos queriendo reemplazar todo, incluyendo a las personas, categorizándolas desde el mismo lugar en donde se ubican las cosas. Esto deshumaniza y nos roba la oportunidad de ser felices.

Gracias a abuelo aprendí, que si estoy cansado por algo es porque alguien me importa lo suficiente como para sacrificar mi tiempo, mis fuerzas y todo lo que eso implique. Está bien cansarse, somos humanos. Lo que no  podemos permitirnos es deshacernos de las cosas o de la gente simplemente porque creamos que nos han cansado. Como dijo abuelo, “eso no es cansancio, eso es otra cosa”.

Pensándome,
José Rivas

Published by joserivassep

Nació en Humacao, Puerto Rico. Profesor de inlgés y ciencias de la religión.

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